dimecres, 29 d’abril del 2009

La realidad de las palabras.

-Te prometí que lo intentaría- me susurró él, de repente tenso-, pero si... si hago algo mal, si te hago daño, debes decirmelo corriendo.
Asentí con solemnidad, manteniendo mis ojos fijos en los suyos. Di un paso más hacia delante a través de las olas e incliné la cabeza contra su pecho.
-No tengas miedo- le susurré-. Somos como una sola persona.
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a dudas.
Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia.
-Para siempre -concluyó él y después nos sumergimos suavemente en el agua profunda.

1 comentari:

Susannaa Abad ha dit...

mgrade i em sne moltssim!! dn las tret? tmoooooooooooooooooo xul's!