(...)
- ¡Que estoy harta, joder! ¡De él y de sus putos recuerdos! ¡Que odio sus malditas huellas en mi corazón!
- Nunca pierdas el valor de seguir intentando levantar las rodillas del suelo, a veces y durante mucho tiempo tu cuerpo tiene más peso de lo normal y impide que te levantes. A veces, el culpable de ese peso que no deja que recobres tu equilibrio es el amor, a veces sin embargo, es el desamor. Y con éste último no sólo estás arrodillado, sinó que además tu cabeza tampoco puede mantenerse recta, tus ojos estan en constante búsqueda de aquellos ojos que una vez te volvieron loca, pero al fin y al cabo, al ver que no regresan, se quedan mirando abajo.
- ¡Y me lo dices a mi! Hace ya ocho meses que no levanto los ojos por miedo a verle.
- Pero le ves. Le ves y no eres capaz de decirle nada. Sólo piensas en llorar a solas, en recordar sus besos. En vez de cogerle de la mano, llevarlo donde nadie os vea y hablar con él durante horas, te acojonas y huyes de su mirada y su sonrisa. Huyes como si te fuera la vida en ello.
- ¿Y qué coño quieres que haga? ¿Espero a que venga su novia y le plante un beso? Sí, soy así. Tengo miedo de verlo, sé que no podría dormir durante muchas noches, sé que se escaparía mi lagrimilla.
- Pues háblale, dile que no puedes vivir más sin escucharle, sin abrazarle. ¡Díselo, vamos!
- No puedo, no soy capaz de mirarle fijamente y hablarle a la vez. No soy capaz de escuchar su voz con todo lo que siento.
- Y entonces... ¿qué quieres?
- Quiero que venga él y me diga que me echa de menos, que quiere saber de mi, que muchas veces espera que le hable, que le entretenga como en los viejos tiempos, que le haga reir y pensar...
"¡Bah, déjate de ilusiones y ponte a trabajar!" Interrumpió una voz en off que cortó mis pensamientos.
- ¡Que estoy harta, joder! ¡De él y de sus putos recuerdos! ¡Que odio sus malditas huellas en mi corazón!
- Nunca pierdas el valor de seguir intentando levantar las rodillas del suelo, a veces y durante mucho tiempo tu cuerpo tiene más peso de lo normal y impide que te levantes. A veces, el culpable de ese peso que no deja que recobres tu equilibrio es el amor, a veces sin embargo, es el desamor. Y con éste último no sólo estás arrodillado, sinó que además tu cabeza tampoco puede mantenerse recta, tus ojos estan en constante búsqueda de aquellos ojos que una vez te volvieron loca, pero al fin y al cabo, al ver que no regresan, se quedan mirando abajo.
- ¡Y me lo dices a mi! Hace ya ocho meses que no levanto los ojos por miedo a verle.
- Pero le ves. Le ves y no eres capaz de decirle nada. Sólo piensas en llorar a solas, en recordar sus besos. En vez de cogerle de la mano, llevarlo donde nadie os vea y hablar con él durante horas, te acojonas y huyes de su mirada y su sonrisa. Huyes como si te fuera la vida en ello.
- ¿Y qué coño quieres que haga? ¿Espero a que venga su novia y le plante un beso? Sí, soy así. Tengo miedo de verlo, sé que no podría dormir durante muchas noches, sé que se escaparía mi lagrimilla.
- Pues háblale, dile que no puedes vivir más sin escucharle, sin abrazarle. ¡Díselo, vamos!
- No puedo, no soy capaz de mirarle fijamente y hablarle a la vez. No soy capaz de escuchar su voz con todo lo que siento.
- Y entonces... ¿qué quieres?
- Quiero que venga él y me diga que me echa de menos, que quiere saber de mi, que muchas veces espera que le hable, que le entretenga como en los viejos tiempos, que le haga reir y pensar...
"¡Bah, déjate de ilusiones y ponte a trabajar!" Interrumpió una voz en off que cortó mis pensamientos.