dilluns, 21 de juny del 2010

Conversación interna (2).

(...)
- ¿Qué pasa esta vez? ¿No me dejaras tranquila nunca, verdad?
- Pues... No puedo. No puedo dejar de pensar, de seguirle los pasos. ¿Crees que es lo que deseo? ¿Crees que quiero soñar con él, llorar por él? Nunca lo querría. Es desesperante. A veces, creo que nunca voy a dejar de pensar en eso, en esos momentos.
- Algun día va a aparecer alguien que cambiará tus planes por completo. Alguien que te llenará de nuevo y hará que tus ojos vuelvan a brillar.
- ¿Eso crees? Yo lo dudo. Dudo que alguien sea capaz de conseguir lo que consiguió él un día. No seré capaz de mirar a alguien de la misma forma que le miraba a él. Lo era todo, ¿sabes?... Todo. Todo empezó un octubre, cuando me abrió conversación. Pasó a ser un amigo más. Pero el tiempo pasaba, y nuestra complicidad y confianza crecía. Sí, fue en ese momento en el que nos dímos cuenta que éramos mejores amigos, que entre nosotros había una química especial. Nos lo contabamos todo, sabiendo que en el otro encontraríamos el calor suficiente para no romper a llorar. Y ese día de San Valentín, pasadas ya las doce de la noche, dejamos de mentirnos, dejamos de engañarnos a nosotros mismos, dejamos llevarnos por el viento frio que penetraba nuestra ropa y nos fundimos.
- ¿Puedes dejar de pensar en esos momentos? Todo el mundo dice que el primer beso no se olvida, pero joder, nadie dijo que se recordara de esa manera, con tantos detalles.
- No solo recuerdo ese primer beso que me dio diciendo: ¿vas a callar o te callo yo?, sinó que recuerdo sus besos en los encuentros, en las despedidas, en los momentos más íntimos, sus besos entre juegos, sus besos entre risas, sus besos entre llantos.
- Vaya, vaya... No pienses en eso, vamos. No siempre todo es malo. Cuando se cierra una puerta se abre otra, son cosas de la vida. No debes comerte el tarro.
- ¿Ah, sí? ¿Pues sabes qué te digo? ¡Yo tengo la puerta de la felicidad cerrada ante mis narices! Estoy hasta el moño de que me mientan... ¡Ni el tiempo cura las heridas, ni se va a abrir otra puerta, joder! ¡Ningún clavo va a sacarle a él! Son nueve meses sin saber nada de él, si todo eso fuera cierto mi herida ya estaría cerrada, pero ahí está, en carne viva. Ardiendo, escociendo. ¿Entiendes? No soy sin él, no vivo como vive todo el mundo; vivo encerrada en los recuerdos, vivo por él pero sin él. Mi forma de vivir no es humana, es una contínua tortura. Y la putada es que no puedo hacer nada más que seguir viviendo así, esperándole. Me acojono cuando pienso en decirle algo, me acojono en pensar que no me va a contestar, o que va a pasar completamente de mí.
"Dentro de un par de horas tienes un examen, ¿quieres hacer el maldito favor de estudiar?"Interrumpió de nuevo esa voz en off que corta todos los pensamientos delicados.
(...)

1 comentari:

Elsa ha dit...

Sabes... Me pasa lo mismo que a ti, siento ese miedo cuando en realidad quiero hablarle pero la mayoría de las veces no lo hago simplemente por ese miedo, ese miedo que característico de todos los humanos, es difícil superarlo pero no imposible.